El Viernes Santo es uno de los días más importantes de nuestra Semana Santa, en el que además prevalece de antaño un cierta “rivalidad” entre las dos cofradías que realizan su desfile procesional por la tarde: la de Abajo y la de Arriba, como popularmente se les conoce, debido a la ubicación de sus templos-sede: uno en una cuesta “más arriba” que la del otro.

La Cofradía de Abajo o de La Paz parte de la basílica de Santo Domingo con el Niño Perdido, una talla poco habitual en la iconografía de la Semana Santa: se trata de un Niño Jesús con una cruz en una de sus manos; el Dulce Nombre de Jesús Nazareno, una imagen de vestir de finales del siglo XVI que representa a Cristo portando una gran cruz de plata finamente labrada; el Cristo de la Buena Muerte, un crucificado de gran robustez en sus formas; y, finalmente, Nuestra Señora de la Paz, una pieza escultórica de gran hermosura debido a la estilización que hizo su autor de las facciones del rostro. Esta Virgen se procesiona en un suntuoso trono de palio de doce varales agrupados en las esquinas y sobre una magnífica peana del XVII. Un poco más tarde sale de la iglesia de Santa María de Jesús, ubicada en una de las plazas más altas de la ciudad –la del Portichuelo-, la Cofradía de Arriba o del Socorro.

Tres son los tronos de esta cofradía: la Cruz de Jerusalén; Jesús Nazareno con la Cruz a Cuestas, acompañado de las figuras de Simón Cirineo y de la Verónica ; y Nuestra Señora del Socorro, cuyo trono de palio es el de mayores dimensiones de la Semana Santa antequerana, en el que destacan la peana dieciochesca en forma de pirámide, y el techo y las bambalinas con bordados de oro y plata repujada. Estas dos cofradías desfilan juntas por el centro de la ciudad, con el acompañamiento respectivo de la Marina y de los Regulares. El momento culminante del recorrido tiene lugar cuando se produce el “encuentro” en la Plaza de San Sebastián, donde se encaran y saludan los tronos, especialmente los de las imágenes marianas. Desde allí empiezan a subir a paso ligero las empinadas cuestas que conducen hasta sus templos, dando vida así a la tradición conocida como “correr la vega”. Ya en medio del silencio de la madrugada, inicia su recorrido desde la monumental iglesia del Carmen la Cofradía de la Soledad, que cuenta con la imagen de la dolorosa más antigua que se procesiona en nuestra Semana Santa. Se trata del grupo escultórico de la Quinta Angustia, cuyos orígenes se remontan al primer tercio del siglo XVI, y representa el tema iconográfico de la Piedad. Esta valiosa imagen de Miguel Márquez García recorre las calles de Antequera junto con los pasos de la Cruz Guía; del Santo Entierro de Cristo,  en el que podemos admirar la figura de un Cristo yacente dentro de una preciosa urna de estilo rococó; y de Nuestra Señora de la Soledad, que luce una corona de plata de gran belleza artística.