Área de Turismo Excmo. Ayto. de Antequera Pocos monumentos antequeranos han despertado tanto interés entre los estudiosos del arte como esta iglesia conventual de Agustinas de la Madre de Dios de Monteagudo. Fue levantada entre los años 1747 y 1761, según proyecto del alarife Cristóbal García. Las Agustinas fundan convento en el año 1520. Ya en el año 1547 comenzó a levantarse el antiguo edificio, que a consecuencia de un incendio tuvo que ser sustituido por el actual. El buque exterior de este edificio sorprende por la enorme altura de sus muros de ladrillo, destacando dos volúmenes autónomos: la torre-cúpula de la capilla mayor y la bella torre-campanario. El volumen de la torre-cúpula es una elegante obra del barroco-mudéjar antequerano, se articulan tectónicamente en unos amplios paños a base de fajas verticales, arcos ciegos, nichos, óculos cuadrifoliados, molduras mixtilíneas…Todo el conjunto se cubre por un tejado a ocho aguas rematado por una magnífica veleta. La torre destaca por su gracia, sobre todo en el basamento del cuerpo principal de campanas, que se estrecha respecto de los cuerpos superiores, dando una falsa impresión de inestabilidad. El interior de la iglesia es una de las creaciones más bellas del Barroco antequerano, desde el punto de vista arquitectónico. Partiendo de un modelo de iglesia conventual muy sencillo, se llega a conseguir, gracias a un hábil juego de rectas, curvas, superficies cóncavas y a pesar de su falta de ornamentación, un conjunto espacial de los más originales de toda la arquitectura española. La nave del templo se compartimenta en cuatro tramos, separados por pilastras toscanas muy estilizadas, sobre las que apoyan arcos trilobulados. Lo que da movimiento a todo el interior es el juego de entrepaños cóncavos y bóvedas dispuestas en complicados casquetes. Muy interesante es la disposición de los coros alto y bajo. La cúpula de la capilla mayor es posiblemente la pieza más importante y lograda del conjunto. Sobre cuatro pechinas, decoradas con escudos, angelitos y motivos del repertorio rococó, se asienta un anillo mixtilíneo que da paso a una triple cúpula de estructura muy compleja. En el retablo mayor de estilo neogótico se abre el vano del camarín, pequeña estancia que al exterior aparece colgante. Este espacio lo preside la imagen de la Virgen de Monteagudo, escultura llena de gracia y de movimiento, obra de José de Medina. Son muy bellos los ángeles lampadarios ejecutados en el último tercio del siglo XVIII. En la nave del Evangelio, a los pies junto al comulgatorio de las monjas, hay una especie de retablo formado por varias urnas acristaladas de distintos tamaños, en las que se guardan algunas esculturas de interés: el grupo de Santa Ana maestra de la Virgen, la Virgen de Valvanera, San Agustín, etc. Una vez pasado el tramo que corresponde al cancel de la calle, encontramos el retablo de San Agustín, obra ejecutada por José Medina en el año 1748. Muy interesantes son los atributos de plata del santo que son obra del platero granadino Vicente Ruiz Velázquez. El siguiente retablo de la nave, junto al arco toral, es una pequeña máquina rococó de compleja estructuración y obra de taller antequerano del siglo XVIII. En el primer retablo de la nave de la Epístola, junto a la capilla mayor, está la escultura de tamaño mediano, de San José, obra probablemente de Carvajal. El siguiente altar lo ocupa la imagen del Cristo de Limpias, crucificado moderno. Junto al coro se encuentra el retablo de la Virgen del Rosario, imagen bellísima del siglo XVIII. El retablo en sí, el mejor de los que existen en la iglesia es de fines del siglo XVIII y obra probable del escultor antequerano Miguel Rodríguez Guerrero.